Orientación Vocacional

Generalmente no recuerdo lo que sueño cuando me levanto por las mañanas. Supongo que eso es normal y le pasa a la gran mayoría de las personas. Pero desde finales del año pasado noté que tenía un sueño recurrente. Era la imagen de que volvía a mi secundaria.

En mi última visita a México, a inicios del presente, me dispuse a visitar ese lugar al que no había vuelto a poner pie desde que egresé, hace más de diez años. En anteriores ocasiones había pasado por las afueras sentado en el asiento de algún camión urbano y, viendo por la ventana, veía las siluetas de los árboles de mango, milenarios, haciendo sombra en las bancas donde los estudiantes ahora se tomaban selfies con sus teléfonos celulares.

Los sueños consistían en regresar a ese lugar para entrar a algún antiguo salón  -que entre penumbras se encontraba vacío- y una vez ahí,  sentarme en alguna butaca viendo al pizarrón, verde y viejo, al que contemplaba.

Tenía un plan: si de verdad lograba tener tiempo para ir a visitar mi secundaría iría con el objetivo de dar una charla de física -o de lo que fuese- a algún grupo. En el mejor de los casos quería entrar a charlar a todos los salones de primer y tercer año. Doce grupos de 25 alumnos en promedio, 300 estudiantes en total.

Cuando entré a las instalaciones, un jueves temprano en la mañana, me dirigí con el director. Al final trascendió que sólo me pudieron asignar uno de los tres grupos que cursé (segundo ‘F’) y además para mi buena suerte, lo tenía por dos horas.

El salón de segundo ‘F’ es el mejor ubicado de toda la escuela. Se encuentra al final de una hilera de 3 salones, justo a un costado de las canchas deportivas (por lo que entre clase y clase podíamos ir a echarnos una cáscara), los baños quedan enfrente (por lo que veías pasar a la chica que te gustaba todas las veces que se iba a mojar el pelo) y los talleres se encontraban en la parte posterior (por lo que no te mojabas tan cruel en temporada de lluvias). La única desventaja era que la cafetería quedaba hasta el otro extremo (por lo que siempre había que hacer file para comprar durante el receso) .

Cuando por fin me presentaron ante los estudiantes me dí cuenta de dos cosas: a) la tecnología había invadido el salón de clases ya que un cañón proyector estaba instalado en la parte superior y había una computadora en el escritorio, b) las butacas estaban orientadas hacia el nuevo pintarrón blanco, por lo que el viejo pizarrón de tiza, verde y viejo, quedaba de espaldas a los muchachos.

Emocionado al ver semejante muestra de progreso educativo en el aula, pregunté al profesor encargado si podía disponer de los recursos arriba mencionados. Había preparado una super presentación con fotos y videos en PowerPoint la noche anterior -le comenté- y estaba ansioso por poder compartirla a los estudiantes. Al mismo tiempo y sin dudar, un chico en la primera fila, vivaracho y más presente que el mismo profesor, me dijo con tono audaz

-¡Ja, el cañon ni sirve y la computadora ni ratón tiene!

– ¡Qué ingenuo! -me dije. Seguimos en las mismas -pensé.

Pero ese pequeño detalle no me desilusionó. Inmediatamente pensé en aplicar el plan ‘B’ el cual se me había ocurrido en plena maniobra de descenso, cuando el avión estaba por aterrizar en el aeropuerto de Guadalajara justo una semana atrás: asumiendo que sólo tengo pizarrón y gis, ¿qué le puedo contar a chicos de 13-14 años para que al menos uno se interese en algo que no sean narco-corridos o finales de reality shows baratos?

Tenía en mente discutir 3 problemas, a los que les puse el adjetivo de célebres, que pensaba discutir con ellos incluyendo la opción de pagar 50 pesos al primero que los resolviera de manera correcta. El que puedas ganar dinero por resolver problemas que involucren álgebra es un concepto que no mucha gente de entre 13 y 14 años entiende.

Pero entonces, el segundo evento desafortunado ocurrió: una “junta” muy importante de último minuto entre el subdirector y los profesores estaba planeada dentro de 30 minutos. Habría inspección escolar la próxima semana y el receso se iba a adelantar. Tenía entonces el tiempo encima.

El plan ‘C’ era el que menos me gustaba porque su uso involucraba una situación de emergencia y por consiguiente la menor interacción con los chicos. Lo pensé cuando estaba en la fila para ingresar al consulado Norteamericano en Guadalajara durante el proceso de visado. Consistía en lo siguiente.

En una hoja en blanco- les dije- escriban su nombre, edad, grupo y grado. Después, respondan a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué te gustaría estudiar y por qué?
  • Vienes a la escuela: a) por gusto, b) porque me obligan, c) porque no quiero trabajar, d)otro
  • ¿Qué materia te gusta y por qué?
  • Menciona tres cosas que has aprendido de tu materia favorita
  • Menciona tres personas que admires y por qué
  • ¿Qué es ciencia?
  • ¿Qué hace un científico?
  • Escribe brevemente lo que hacen: a) físico, b) matemático, c) biólogo, d) astrónomo, e) oceanólogo, f) Pepe Aguilar

y al final-encontrando las miradas como si esperaran que les corrigiera ante la sorpresa del último personaje, agregué- arrancan la hoja y la ponen aquí en la mesa.

Todos los estudiantes comenzaron a escribir. Todos menos uno. Era una chica y estaba sentada en la primera hilera de butacas pegada a la ventana que daba a los baños. Durante todo el tiempo que yo hice acto de presencia en aquel salón, su mirada se perdía en la ventana como si no fuera la primera vez. Se veía a kilómetros que algo no estaba bien con ella, pero dada mi intempestiva llegada y mi pronta partida, no me metí en lo que no me importaba. Al pasar entre las hileras vi de reojo que había escrito las preguntas en tinta roja chillón. Seguí caminando y seguí contestando dudas y preguntas en el camino.

Conocí a dos joyas: Isidro y Jose Guadalupe. Eran un par de amigos que se sentaban hasta atrás pegado al pizarrón viejo y verde, en ese punto estratégico que te permite ver todo y a todos. Supe inmediatamente que sabían más de videojuegos y de juegos de azar que todos mis primos y todos mis tíos borrachos juntos. El único detalle que los distinguía era que uno era americanista a morir y el otro le iba al Cruz Azul. Qué sutileza – me dije. Me preguntaron si trabajaba en la NASA -dado que llevaba una camisa con ese logotipo- y si les presentaba a algunas amigas gringas. Los describiría como una explosión de inteligencia en bruto.

En medio del salón, justo debajo del ventilador inservible con las aspas chuecas de tanto colgar mochilas, se encontraba Dayana. Era una chica regordeta de pelo castaño claro que tenía junto con su libreta Scribe un estuche color marrón con una infinidad de lapiceros Bic de tinta gel, gastados y ordenadas por tonalidad. Me preguntó que no entendía si me refería a astrólogo en lugar de astrónomo, y si era así entonces conocía a uno: Mizada Mohamed, la de los horóscopos matutinos del programa de Hoy. Me dijo que le gustaban los animales y que le pensaba ser bióloga.

Me paré en una esquina y entablé conversación con el profesor. Para mi sorpresa, me dijo que había terminado la maestría en Química apenas hace 10 meses. Estaba lidiando con la burocracia de enviar y firmar papeles para su titulación, por lo que era todavía pasante. Me comentó que un amigo le había dicho sobre un puesto matutino de profesor por horas en la secundaría debido a la reciente jubilación del anterior a principios del años escolar. Dado que se quería regresar con su familia a Piedras Negras y ocupaba dinero, tomó el trabajo.

– ¿Entonces acabas de llegar a dar clases a este grupo? ¿habías dado clases antes? – le pregunté.
– Llegué hace poco más de tres semanas, ya que los chicos se quedaron sin profesor en la asignatura de Física desde hace como dos meses -me comentó. No se me da muy bien esta asignatura, pero es lo que hay.
– Dos meses si profe de Física -pensé. Reverendo desperdicio de tiempo.

Faltando cinco minutos para que fueran las nueve de la mañana, me paré frente al grupo y traté de hacer una sinopsis de lo que en verdad les quería platicar.

Les comenté que, haciendo cuentas, había egresado de esta secundaria el mismo año en que ellos habían nacido o estaban por nacer. Que me sentaba en la quinta butaca de la segunda hilera y que en los tiempos analógicos usábamos el pizarrón viejo y verde de atrás. Que hubo una época sin Facebook ni Whatsapp donde se iba a un lugar llamado biblioteca a preparar exposiciones en cartulina blanca. Que después de tres años entré al bachillerato y que al terminar, me fui a estudiar a Colima algo que se llama Física. Y que aprendí un montón ahí. Y que saliendo, me fui a estudiar algo que se llama doctorado a los Estados Unidos y que me pagaban en dólares. Que actualmente me encontraba en un laboratorio trabajando con detectores de partículas y que con esta charla buscaba que en el futuro cercano alguno de ellos se animara a pensar a lo grande, ya que -claramente emocionado, puntualicé- estamos entrando en una etapa de descubrimientos y avances tecnológicos sin precedentes.

Les señalé un ejemplo histórico: ayer en el noticiero de las 3 pm con Lolita Ayala, justo después de la nota de los normalistas agredidos por federales en Oaxaca, una corresponsal anunció que un grupo de científicos de un experimento llamado LIGO detectaron por primera vez señales de lo que parecen ser ondas gravitacionales. Dichas señales fueron creadas como consecuencia de la colisión de dos agujeros negros a miles de años luz de la Tierra…

– ¿Qué es un agujero negro? – preguntó Isidro, el ferviente americanista.

– Es un objeto tan pesado que ni la luz puede escapar – contestó Dayana, la aspirante a bióloga.

——

Ya en la sala de espera del aeropuerto de Guadalajara y después de haber superado el drama de la despedida familiar horas atrás, fui a comprar un sándwich desabrido en el Subway local. Esperando a que saliera mi vuelo de regreso a Chicago, abrí mi mochila y saqué un folder con la leyenda Orientación Vocacional en el separador, el cual me sirvió de apoyo para el llenado de la declaración aduanal.
Dentro del folder estaba el montón de hojas de libreta llenadas por los chicos de la secundaría que de último minuto había puesto en la mochila, como souvenir. Después de haber leído las primeras “encuestas” noté que una hoja había caído al suelo. Al levantarla, me dio la impresión de que había sido arrancada muy despacio de una libreta de espiral, y los sobrantes de papel removidos uno por uno, con delicadeza. Las preguntas habían sido escritas con tinta roja chillón pero las respuestas contestadas con un lápiz chato de poca punta. Supe de inmediato de quién se trataba.

En la parte superior y si preámbulos, escribió su nombre sin apellidos ni edad: Alejandra. Quería estudiar psicología e iba a la escuela por gusto. La materia que más le gustaba era Formación Cívica y Ética y las tres cosas que más había aprendido eran respeto, violencia, drogas, etc. A la pregunta “qué es ciencia” respondió con un rotundo no sé, dejando en blanco el resto.

Cuando la asistente de Aeroméxico comenzó el llamado para la documentación del Grupo 1, finalmente entendí
– “Menciona tres personas que admiras y por qué”
Alejandra respondió
Mi mamá, por que es mamá y papá para mí. Nadie más.


J.A.S.Q.

Secundaria, jueves por la mañana.

Secundaria, jueves por la mañana.

About the Author

Posted by

Nada personal, sólo intransigencias...

Categories:

Sin categoría

Tags:

Add a Response

Your name, email address, and comment are required. We will not publish your email.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s

The following HTML tags can be used in the comment field: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <pre> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

%d bloggers like this: