Yo soy de ciencias

Este título, bastante obvio en un blog escrito por científicos, es algo más que una declaración de intenciones. Es una reacción al archiconocido “es que yo soy de letras”, que tantas veces hemos escuchado para justificar la ignorancia más absoluta sobre algún tema mínimamente relacionado con las ciencias. Al menos en España, periodistas consagrados e intelectuales de todo tipo no tienen ningún reparo en confesarlo: “yo no sé nada de ciencias porque soy de letras”. Y es que, reconozcámoslo, está socialmente aceptado ser un ignorante en ciencias.

Quizá me falla la memoria, pero no recuerdo haber escuchado a ningún científico o persona formada en ciencias alardeando de no saber conjugar un verbo o no saber quiénes eran los Reyes Católicos, por ejemplo, solo porque “es de ciencias”. Ojo, no quiero decir que su cultura literaria o histórica sea buena, sino que no se les ocurriría reconocer alegremente su desconocimiento sobre temas “de letras”. Esto también ocurre con la política, por cierto: muchas personas declaran que no entienden de política, como si no afectara a su vida cotidiana, o como si todo no fuera política al fin y al cabo. Y así nos va. Pero bueno, me lío, y eso es tema para otra discusión.

Volviendo al tema que nos ocupa, creo que la ignorancia científica de nuestra sociedad queda reflejada en la repercusión social que tiene la ciencia. O más bien al contrario, dado que la importancia social de la ciencia es nula, su desconocimiento no está “mal visto”. Lamentablemente, este desprecio hacia la ciencia puede tener, y de hecho tiene hoy en día, consecuencias devastadoras para nuestra sociedad. No voy a negar que mi preocupación sobre este tema tiene una parte interesada: una ciudadanía que no valora la ciencia no opone resistencia a recortes en investigación por parte del gobierno de turno. Y eso nos afecta a los científicos, que vemos como descienden los fondos públicos para nuestros proyectos de investigación y se reduce el número de becas, contratos y puestos de trabajo. Sin embargo, creo que dar la espalda a la ciencia tiene efectos mucho peores para la sociedad en general. Por un lado, tal y como vemos en algunos de nuestros vecinos europeos, la apuesta por la investigación y el desarrollo tiene un impacto directo sobre el modelo productivo de un país, cuya competitividad va cada vez más asociada a la gestión del conocimiento, la innovación y el desarrollo tecnológico. Por otra parte, el desconocimiento de la ciencia nos desprotege ante charlatanes que juegan con nuestro bolsillo y, peor aún, con nuestra salud. Un conocimiento básico sobre ciencias y, ante todo, el fomento de un espíritu crítico nos protegería de caer en las garras de pseudoterapias alternativas y profesionales de la estafa.

Por tanto, creo que a día de hoy tenemos una responsabilidad para acabar con el analfabetismo científico dominante. La administración pública debe reforzar las ciencias en la educación, dar mayor importancia a la investigación científica en sus políticas y, por supuesto, ser implacable con los charlatanes que violan la ley y ponen en peligro la vida de las personas. Los medios de comunicación también deberían jugar un papel importante, fomentando la producción de programas de divulgación científica y no dando cobertura a ciertas tendencias acientíficas, o al menos no hacerlo sin una confrontación o cuestionamiento por parte de expertos. Finalmente, los científicos tenemos también nuestra parte de responsabilidad, que pasa por contar a nuestros vecinos lo que hacemos. No es tan difícil, si ponemos interés en explicarnos, seguro que cualquier persona podrá entendernos. Y, sobretodo, no ser indiferentes ante la ignorancia, sea del tipo que sea, porque, como dijo Antonio Machado: “todo lo que se ignora, se desprecia”.

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2 Comments

Yo me considero tanto de ciencias como de letras. Es lo que tiene estudiar el bachillerato científico, luego periodismo, especializado en cultura y TICs y luego algo de Literatura.Creo que es importante esforzarse en asumir la denominada “docta ignorancia”(concepto acuñado por Nicolás de Cusa), que significa ser conscientes de lo que ignoramos: eso ya es todo un logro. Ojalá pudiéramos saber de todo, pero solo nos queda tener espíritu didáctico.

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